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Un premio para todas las víctimas

Entrega de premios solidarios

Fue una mañana inolvidable. Hacía calor en Madrid; uno de esos días en los que la luz mágica de la ciudad se impone y envuelve las calles en un tono áureo inconfundible.  La entrega de los Premios Solidaridad 2017, otorgados por la Federación Nacional de Víctimas por Desapariciones Forzadas Infantiles y Adopciones Ilegales Coordinadora x 24 comenzó con retraso. No había prisa. Los asistentes hablaban entre sí, se saludaban afectuosamente; muchos eran amigos que se reencontraban, otros se conocían en ese momento. En el ambiente comenzaba a respirarse algo parecido a la cálida armonía del hogar. El lugar, el moderno MediaLab Prado, un centro cultural del Ayuntamiento de Madrid, muy cerca de la estación de Atocha, resultó ser el sitio ideal, sobrio, sin apenas ornamentación y acogedor.  María Bueno, presidenta de X 24 y de la Asociación Alumbra, arrancó un fuerte aplauso, cuando emocionada dio paso a la proyección de un estupendo documental montado por su compañero. Los ánimos se caldeaban, la indignación podía palparse. Los execrables crímenes narrados en el documental siguen impunes y no son reconocidos por las altas instituciones del Estado.

Entrega de premios solidarios
María Bueno, presidenta de la Coordinadora x 24. Foto: Eva Peñuela
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Sentada entre el jurista Baltasar Garzón y Carla Antonelli, diputada socialista en la Asamblea de Madrid. A su lado, Carolina Escudero, doctora en Psicología Social, y la periodista de La Opinión de Málaga Marina Fernández. Foto: Eva Peñuela

El pasado 23 de septiembre fue un día grande para Adelina Ruiz, presidenta de SOS Bebés Robados Cataluña; Soledad Luque, presidenta de la Asociación Todos los niños robados son también mis niños; Flor Díaz, presidenta de SOS Bebés Robados Euskadi; Javier Munioitz, presidente de SOS Bebés Robados Gipuzkoa, y la gran María Bueno, y para el resto de representantes y miembros de las entidades que conforman la coordinadora. Personas que están entregando sus vidas a una búsqueda tan loable como desesperada, y lo hacen con una dignidad y un compromiso que emocionan. Por fin llegaba el día que con tanto esfuerzo habían preparado. Compartieron con todos los asistentes sus sentimientos y su agradecimiento hacia los premiados por la empatía demostrada para con la causa de las sustracciones de bebés en España. Fue un momento especial: afloraron las lágrimas, los reconocimientos. El premio, sin duda, se lo llevaron ellas: estas personas que con tanto tesón y tanta sabiduría buscan y piden solidaridad, humanidad, a los jerarcas de la Iglesia, a los gobernantes, a los jueces. “Dennos la información, ¿dónde están nuestros niños robados?”

Los premiados en la primera edición de los Premios Solidaridad fueron: El memorable abogado Carlos Slepoy y el recordado periodista José Luis Gordillo, ambos a título póstumo; la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CeAqua) y su abogada Ana Messuti, el exjuez Baltasar Garzón, la diputada socialista en la Asamblea de Madrid Carla Antonelli, la periodista de la Opinión de Málaga Marina Fernández; la europarlamentaria de IU Marina Albiol; Carolina Escudero, doctora en Psicología Social y artífice de la campaña Te busco. Te estamos buscando; Joseba Eceolaza, responsable de Comunicación de CC.OO. de Navarra; uno de los impulsores de la recién aprobada ley sobre el robo de niños en Navarra. Y yo. No os podéis figurar la alegría que me ha supuesto este reconocimiento, porque, como dije en la entrega del premio,  viene de vosotras, las víctimas de un crimen de Estado, que es lo que fue la sustracción sistemática de bebés y el perverso cambio de identidades. Un crimen de Estado, que como otros recientes, acabará destapado  y alguien pagará por él. Estoy segura.

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Javier Munioitz, presidente de la Asociación SOS Bebés Robados Gipuzkoa, y su compañera Izaskun Poza.  Foto: Eva Peñuela
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Izaskun Poza me entrega el premio. Foto: Eva Peñuela
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Momento de mi intervención. Foto: Eva Peñuela

Creo que la mañana del 23 de septiembre todos nos sentimos como en casa, rodeados del cariño y de la entrega de las víctimas que organizaron estos premios. Yo os devuelvo las gracias multiplicadas. Es un honor. No hay premio más grande para una periodista que contribuir al esclarecimiento de la verdad. Desde que comencé a investigar las denuncias de los afectados del robo de bebés y de las adopciones ilegales, he conocido a cientos de víctimas –algunas forman parte ya de mi vida–. Sus reivindicaciones son las mías. Carla Antonelli, luchadora y solidaria donde las haya, dice que soy ya una activista de la causa. Pues sí, lo soy. Mi lema en este asunto es: “Le había podido pasar a cualquiera”. Conozco personas afectadas de todo tipo de condición. Aunque, desde luego, si hay un colectivo especialmente machacado por el drama de la búsqueda es el de las mujeres: madres, hermanas, hijas. Ellas conforman la inmensa mayoría del sostén de la causa de los niños robados con encomiables entereza, empeño y fraternidad.

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Flor Díaz, presidenta de SOS Bebés Robados Euskadi, entregó el premio a la política y activista Carla Antonelli. Foto: Eva Peñuela
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El abogado Jacinto Lara recogió el premio concedido a la CeAqua por su impulso en la querella argentina contra los crímenes del franquismo a los casos de bebés robados. Foto: Eva Peñuela
Entrega de premios solidarios
María Bueno argumentó las razones para el premio concedido al ex juez Baltasar Garzón. Foto: Eva Peñuela

He firmado numerosos reportajes en la revista Interviú sobre el drama de los niños robados gracias al apoyo de mi director Alberto Pozas, que creyó en la causa nada más estallar el escándalo, en 2011. Desde entonces, las investigaciones en torno a las denuncias y a los posibles responsables del crimen han ocupado un lugar destacado de la revista. Los periodistas debemos estar al lado de las víctimas e intentar alcanzar la verdad, siempre. Interviú es un referente en este drama y el único medio de comunicación que ha mantenido en el tiempo, como una constante, el seguimiento informativo de los casos de niños robados. La revista ha continuado la excelente labor de María Antonia Iglesias y Germán Gallego en los años 80. Hemos descubierto muchas cosas en estos últimos años y seguro que seguiremos haciéndolo, colaborando con quien nos necesite, denunciando la absoluta falta de cooperación de los poderes judicial  y ejecutivo, y la pasividad del legislativo. Las cosas deben cambiar y parece que hay iniciativas muy interesantes en el Parlamento.

Los niños robados no son solo cosa de la Memoria Histórica. Los niños robados existen hoy. Son miles –sin determinar aún la cuantía real de los afectados–, los ciudadanos españoles y extranjeros que reclaman, con todo el derecho del mundo, al gobierno y a los jueces españoles la atención y la justicia que merecen. La sociedad debe ponerse en la piel de estas personas a las que les arrebataron los hijos y las vidas. Solidaridad, piden, y hay que dársela. No tendría que hacer falta que el tema apareciera en un programa de TV para concienciarse, ¿verdad? Aunque cuanto más aparezca en los medios esta causa, mejor.

La investigación que las víctimas están emprendiendo por su cuenta es admirable. Por ejemplo, por citar a alguno de ellos, mi querida Juani Martínez, una heroína; Javi Muniotz, Flor Díaz y sus compañeros de SOS Bebés Robados Gupizkoa –Mertxe, Izaskun,  Andone, Eva, Lourdes, Juana Mari, Aitor y todos los demás–, que no paran de examinar la documentación con la que cuentan y tiran de los hilos, y lo van a conseguir. Son auténticos detectives y una familia maravillosa. Mi Cecilia, admirable, incansable, usa una lupa para poder ver bien los nombre y los datos que aparecen en los documentos antiguos. Luis, vas a encontrar a tu hijo.

Recuerdo con cariño a Rocío y a su madre, que se pudieron encontrar tras una investigación de Interviú; y a los niños robados de Barcelona –Montse y Gonzalo y tantos otros–, y a las madres, como Gloria, a las que arrebataron a sus hijos en la ciudad Condal; a los que salieron del Santo Celo de Valencia –mis queridas ElisaMaría y Lucía– y del Sanatorio San Ramón de Madrid – nuestra Inés, Luis y Alberto–; a las madres solteras que estuvieron internadas en las residencias de Peña Grande y en Los Molinos, en Madrid y que perdieron a sus hijos –AdelaAna, Mari Ángeles y Loli, valientes–.  Recuerdo a Eduardo, de Granada, al que le cambiaron a su hija sana por una niña enferma, que murió; a Paloma, que tiene dos identidades y la Justicia no la resarce, igual que a Fernando, chileno nacido en Madrid, sacado de la Inclusa; a Mabel y a mi amiga Irene, que no saben dónde nacieron; a Mari Carmen , Begoña y a los Luque, que buscan incansablemente a sus hermanos. A Adelina, que está a punto de encontrar a su hijo, Bruno.  A Margarita y Cristina, maltratadas por la Administración. A Clara, que halló a su hija pero a la que los tribunales le niegan la justicia.  A María, que llora por su hija robada y que se ha convertido en una especie de ángel sabio para el resto de víctimas. Me acuerdo ahora de Luisa, madre coraje donde las haya, maltratada –por no decir, torturada– por unas monjas; a Isabel le pasó algo parecido. También recuerdo a Mercedes, que siempre supo donde había ido a parar su hija robada, pero que no ha podido aún recuperarla; a Milagros, que en su demencia, recuerda que una monja le arrebató a su Juan Elías al nacer.  A Luz, a la que su familia no apoya y que sufre mucho.  A Nieves, a la que una jueza de Galicia le dio el nombre de su madre biológica.  A veces los jueces investigan estos casos y llegan hasta el final.  No me olvido de algunas de las mujeres que parieron en la Casa de La Madre, de Madrid, y cuyos hijos fueron dados por muertos, sin que a día de hoy consten como enterrados –Felisa y Loli, queridas–.  Tantas tumbas vacías, como la del hermano de Belén, en el cementerio de La Línea de la Concepción, y el de los Ocariz, en San Sebastián, y la del hijo de Ruth, en Bilbao. No nos olvidemos tampoco de los casos que han llegado al Tribunal Constitucional, como el de Esperanza y Luis, sin que hayan recibido amparo.

Y tampoco me olvido de nuestra Ascen, la primera víctima de bebés robados que puede ingresar en prisión por denunciar su caso en los medios. ¿Y esas madres que han ido a las iglesias a buscar las aguas de socorro de sus hijos supuestamente fallecidos al nacer? ¿Cuál ha sido la respuesta que han obtenido? Os lo contaré en otra ocasión.

En fin, no sigo porque son tantísimos los dramas que podría seguir escribiendo horas y horas. Cientos de historias se agolpan en mi memoria en estos momentos. Rostros, nombres, fechas, los tachones de los documentos que nos entregan en aras de la Ley de Protección de Datos, partidas de nacimiento, de defunción, legajos de aborto, libros de parto… ¿Cómo es posible que la ingente cantidad de errores garrafales y de irregularidades en todos esos papeles oficiales, incluidos los de los registros civiles, no despierten la curiosidad investigadora de los jueces? La mía fluye como un río desbocado.

El premio a la solidaridad es para todas vosotras, es de

todas las víctimas. Seguimos en la lucha. 

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