Vidas robadas

2012, cuando nos dimos cuenta de que la Justicia no iba a colaborar

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¿Cuántas pruebas necesita la justicia?

Noto desilusión y hasta crispación en el colectivo de víctimas por el robo de bebés. Los pocos casos judicializados no prosperan, como el de Felisa Tomico, cuya denuncia ha sido archivada por segunda vez por no encontrar el juez alguna persona a la que imputar la presunta desaparición de su recién nacido, en 1978. Cómo la va a encontrar si no ha interrogado a nadie: ni al médico que atendió el parto, ni a la matrona, ni a las enfermeras, ni a la monja que regía la maternidad… La justicia no sabe por dónde tirar o no quiere tirar de la manta en el escándalo de los niños robados.

Alberto Ruiz Gallardón,  ministro de Justicia,  se ha comprometido con las asociaciones de niños robados a potenciar  la colaboración con los afectados. El ministro anunció hace poco la creación de un servicio de orientación para las víctimas y una primera validación gratuita de las muestras genéticas por parte del Instituto Nacional de Toxicología. Poca cosa, desde luego. Pero, si además tenemos en cuenta ejemplos tan rotundos como el de Eduardo Raya en cuanto a la eficacia de Toxicología en muchos casos de niños robados el anuncio de Gallardón provoca cuanto menos un escalofrío. Eduardo Raya, uno de los afectados más representativos del colectivo, dice esto respecto al ofrecimiento de Gallardón: “Que el gobierno controle las pruebas de ADN de las víctimas del robo de niños es como estar en la boca del lobo. Ojo, yo prefiero la independencia”.

Eduardo Raya fue el primero en denunciar en España la desaparición de su bebé nada más nacer, en el Hospital Clínico de Granada, en 1990. Lo hizo en 2010 y ya  lleva dos archivos.  Es quizá el afectado que más pruebas ha podido obtener de esa desaparición.  Además, el caso de Raya ejemplariza, por desgracia, hasta qué punto la justicia española está desprotegiendo a las víctimas del robo de recién nacidos y hasta omitiendo su principal función: la  investigación de los delitos.

Eduardo Raya es un abogado granadino con una paciencia a prueba de bomba. Si no fuera así  o se habría vuelto loco hace tiempo o habría hecho una locura, sin duda. Le ayuda en su calvario una estupenda mujer: su esposa, Gloria.

Eduardo y Gloria son padres de una niña robada. De ello no hay ninguna duda; que su bebé desapareció nada más nacer es una verdad irrefutable para cualquiera que se moleste en estudiar las pruebas con las que cuentan estos padres. Pero sorprendentemente la jueza que les tocó en suerte ha archivado la causa por la desaparición de la hija de este matrimonio granadino sin entrar en el fondo de la cuestión y sin explicar cómo es posible que Eduardo Raya aportara dos informes periciales que aseguran que no pertenecen a su hija los restos del cuerpo enterrado en 1990 y ella se haya conformado con la versión del Instituto Nacional de Toxicología que afirmó que los restos estaban en tan mal estado que era imposible encontrar en ellos ADN.

Desde que la causa fue archivada, el verano pasado, Eduardo y Gloria han atesorado más pruebas de que la niña a la que dieron por suya en el hospital y que falleció a los pocos días de nacer no es su hija. “¿Quién era esa niña?”. Esa pregunta angustiosa, sin respuesta aún, desvela a Eduardo y a Gloria de la misma manera que esta otra: “¿Dónde está nuestra hija?”

En el caso de Eduardo Raya existen dos tipos de restos que han sido analizados: los restos exhumados a los que la familia Raya dio sepultura en 1990 y unos restos que aportó el Hospital Clínico de Granada cuando la denuncia de la familia se investigaba en el juzgado, en 2010. Los responsables del centro afirmaron que se trataba de restos del hígado de la hija de los Raya, conservados desde 1990. Curioso.

Sobre los restos óseos, ya he hablado de dos informes de ADN que la familia aportó y que negaban que perteneciera a una hija suya. Los laboratorios que analizaron los restos fueron Tecnogen y Genómica. El Instituto Nacional de Toxicología también los analizó, pero afirmó que los restos se encontraban en tan mal estado que   “dichos restos no son adecuados para realizar un análisis de compatibilidad con sus posibles padres biológicos”.

Posteriormente, el laboratorio LabGenetics analizó los cabellos encontrados en la tumba de la supuesta hija de los Raya y aseguró que “los cabellos analizados no pertenecen a ningún hijo/a biológico/a de Gloria Rodríguez ni a ningún otro pariente por vía materna, con un 100 por cien de probabilidad”. Este laboratorio no analizó la totalidad de los restos exhumados, sino la misma porción que estudió Toxicología y en este caso se afirmó que no era posible encontrar ADN nuclear ni mitocondrial. También resulta curioso.

El Laboratorio NBT  analizó  también los restos exhumados con idéntico resultado que los otros tres laboratorios anteriores.

Respecto a las muestras de hígado aportadas por el hospital como pertenecientes a la hija de los Raya, fallecida en 1990, el doctor Bruguera, un prestigioso especialista en anatomía patológica del Hospital Clínico de Barcelona, un centro público, los analizó y dijo lo siguiente: “No es posible determinar la edad del paciente en base al tejido. Únicamente puede afirmarse que ni se trata de un hígado fetal o de recién nacido de muy pocos días”. Llegados a este punto de la historia, reconozco que con todas estas pruebas en las manos siento verdadero terror.

Ante esta prueba categórica, la juez ordenó al Instituto de Toxicología de Sevilla que analizara los restos del hígado y he aquí su resultado: “Hígado compatible con el hígado de un niño con un síndrome de hepatitis neonatal”.  ¿Un niño es lo mismo que un neonato? ¿Por qué no contestó Toxicología a la pregunta que le había hecho la juez sobre  si ese hígado correspondía a un recién nacido? Sea como fuera, ese informe dio lugar al sobreseimiento libre de las actuaciones. ¿Por qué se le restó credibilidad al informe de un patólogo de un hospital público? ¿Por qué ha de servir únicamente lo que determina el Instituto Nacional de Toxicología? No quiero acordarme del desgraciado resultado de los análisis acometidos por este organismo en el caso de Ruth y José Bretón…

Eduardo Raya no se rindió. Los laboratorios Labgenetics analizaron esas muestras de hígado: “El perfil genético obtenido del bloque de parafina no es compatible con los perfiles genéticos de Eduardo Raya y Gloria Rodríguez, por lo que la donante del tejido en parafina no se corresponde con una hija biológica”.

Seis informes definitivos, pero la justicia sigue sorda y ciega en el caso de la familia Raya, que ha recurrido el auto de sobreseimiento. También ha llevado su caso ante el Parlamento Europeo. “Nos gustaría que el Parlamento Europeo se pronunciara sobre la manera que tiene el sistema judicial español de investigar estos dramáticos hechos ocurridos en España e impartir justicia”, dice Eduardo. Mucho me temo que si finalmente hay reprimenda de Europa,  nuestros políticos y nuestros jueces volverán a hacer oídos sordos.

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Vidas robadas

Niños robados: cuestión de Estado

Otro artículo que recupero para este blog sobre Niños Robados. Hace seis años ya pensaba en lo difícil que sería que el robo de bebés figurara en la agenda del Gobierno o entre las principales cuestiones políticas y sociales del país. Qué lástima.

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Manifestación de S.O.S. Bebés Robados-Madrid

Si en lugar de en España, el escándalo por los niños robados se estuviera viviendo en Francia, Alemania o Reino Unido, la cosa cambiaría radicalmente. No me cabe la menor duda de que el gobierno de Sarkozy –o el previsible nuevo gabinete de Hollande–cogería las riendas del caballo desbocado antes de que le atizase una buena coz. Y Merkel vendería al mismísimo Ratzinger con tal de demostrar una vez más su acerada determinación de arreglar el mundo a su manera; y seguro que recortaría burocracia inútil para que la investigación fuera la más rápido posible.

Pero en España el tráfico de recién nacidos entre 1950 y 1990 –¡cuarenta años!– no es una cuestión de Estado. Además sólo se convierte en noticia cuando un juez decide imputar a una monja octogenaria por un presunto delito de detención ilegal de un bebé hace 30 años, o cuando se produce el encuentro de una madre con su hijo, al que dieron por muerto en la maternidad pero que, en realidad, fue vendido a plazos a un matrimonio que no podía procrear.

Sin embargo, este escándalo tendría que generar noticias a diario, que forzaran a los gobernantes a actuar. Razones sobran:  los centenares de denuncias de afectados y los dramas que vive la mayoría de los que fueron dados en adopción irregular por intermediación de sor María o de cualquier otra monja, médico o cura.Esas personas descubren recién alcanzada la adultez no sólo que no son hijos biológicos de los que creían sus padres, sino que estos pagaron por ellos y no pueden demostrar de ninguna manera que sus madres reales renunciaran voluntariamente a sus criaturas. Es decir, existen indicios de que esas personas pudieron ser niños robados.  Muchos de ellos, al enterarse, rompen con sus  falsos progenitores; por el contrario, otros cuentan con su ayuda en la desesperada búsqueda  de sus orígenes. Algunos no saben ni dónde ni cuándo nacieron.

Mientras esto ocurre, el gobierno de la Nación calla; el de ahora y el de antes. La orden del fiscal general del Estado para que las fiscalías de toda España investiguen estos casos se ha quedado en agua de borrajas. La inmensa mayoría de las denuncias han sido archivadas con excusas peregrinas, como la imposibilidad de hallar unos archivos de un centro clausurado, sin más explicaciones. Los afectados no pueden acceder a ningún archivo de la administración ni de las clínicas privadas y públicas, pero la justicia sí. La mayoría de las resoluciones de archivo de la Fiscalía Provincial de Madrid, por ejemplo, que he podido ver destilan hastío y despreocupación.

¿Niños robados: cuestión de Estado? En España parece que jamás lo será.

Vidas robadas

¿Qué ocultaba el canciller?

Este artículo fue publicado en mi blog de la revista Interviu (La otra versión) el 8 de febrero de 2012, hace seis años ya. Lo recupero para este blog, puesto que el de la revista será clausurado en breve. Tened en cuenta la fecha en la que está publicado. Seis años después seguimos con la misma incertidumbre e idéntica falta de colaboración por parte de la Iglesia y de la Justicia para con las víctimas del robo de bebés. Va por ti, Juani.

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¿Qué ocultaba el canciller?

El Arzobispado de Madrid, pegado a la catedral de La Almudena, es un lugar frío y oscuro, sin ningún lujo a la vista. No es recomendable ir allí sin un buen abrigo, porque las temperaturas son heladoras. Quizá la falta de calefacción se deba a los manidos recortes. Por sorprendente que pueda parecer, hace frío incluso en los despachos de los gerifaltes;  el del canciller del Arzobispado, Alberto Andrés, es gélido, igual que la apariencia de su inquilino.

El canciller no escondió su fastidio por tener que atender la incómoda visita de Juani Fernández, que iba recomendada por un funcionario de cierto rango, como no podía ser de otra manera en este país de enchufes y burocracias. No invitó a tomar asiento ni dedicó saludo alguno.  Yo acompañaba a Juani: no quería perderme su encuentro con el canciller, al que exigió una explicación acerca del bautizo falso de su hermano, en 1963. La historia no tiene desperdicio. Es uno de los casos conocidos popularmente como de `niños robados´, un drama tenebroso que sacudió secretamente a miles de familias en España durante la dictadura y las primeras décadas de la democracia; un escándalo que debería tener una respuesta judicial lo antes posible.

Sobre esta cuestión, también la Iglesia debería responder, o, al menos, colaborar, facilitar la investigación que los afectados están llevando a cabo por su propia iniciativa. No les queda otro remedio a las familias que convertirse en una especie de detectives caseros,  ya que muchas fiscalías y  juzgados están archivando los casos sin un mínimo de investigación previa. Las pesquisas de Juani Fernández, una mujer optimista y persistente, le han llevado a cotas impensables. Por ejemplo, tiene en su poder una partida de bautismo de su hermano Juan Elías, al que no conoció, porque oficialmente murió al nacer, en febrero de 1963, y que según la familia, no llegó a ser bautizado.

Esa partida la logró Juani por casualidad: se le ocurrió que quizá en los archivos de la Iglesia constara alguna pista del devenir de su hermano, cuyo cadáver jamás vieron sus padres. Fue enterrado por la caridad pública pese a que su familia disponía de panteón propio. “Nadie del hospital les preguntó si querían enterrarlo, tampoco existe un documento de renuncia”, dice Juani. Según la Iglesia, el pequeño  fue bautizado por el capellán de la maternidad de Santa Cristina (Madrid) cuando estaba en la incubadora, en presencia de su padre y de unos padrinos. Pero estos aseguran que jamás asistieron a dicho evento, ni siquiera pisaron el hospital cuando el pequeño Juan Elías nació. ¿Entonces?

El canciller no dio ninguna explicación. “Si hay partida de bautismo significa que existió bautizo”, se limitó a decir sin apenas mover los labios. “No, no hubo bautizo”, repetía Juani. Y entonces, como si se le encendiera una lucecita, el sacerdote dio un respingo y aventuró que tendría que existir una solicitud de los padres para que su hijo fuera bautizado y que dicho documento aclararía todo. Nos emplazó a otra cita en la que nos enseñaría la solicitud de bautizo.

Pero no lo hizo. El canciller, en la misma actitud hosca y fría del primer encuentro, se limitó a blandir un papel, que en ningún momento nos permitió  inspeccionar, ni siquiera tocar, alegando que la ley de protección de datos le prohibía dejarnos leer aquel misterioso documento. Él mismo lo leyó para nosotros en voz alta. En él supuestamente el padre de Juani solicitaba que su hijo fuera bautizado en la capilla de la maternidad de Santa Cristina; y firmaba la solicitud, igual que los dos padrinos: una hermana y un primo del padre.

Ojalá la historia acabara aquí. La familia de Juan Elías se hubiera evitado mucho sufrimiento si realmente el pequeño hubiera sido bautizado antes de morir y los padrinos hubiera apadrinado realmente al niño, y si no existiera la menor duda de que el bebé murió al día siguiente de nacer. Pero para ello tendrían que cuadrar demasiados datos, y, de momento, la cortina de las sospechas sigue desplegada.

En los siguientes días averiguamos que en 1963 no existían ni el trámite ni los impresos para solicitar bautizos. Es algo relativamente reciente. ¿Qué era lo que ocultaba el canciller? ¿Por qué no nos permitió ver aquel documento? ¿De dónde han salido las firmas de unos padrinos que niegan rotundamente serlo? ¿Por qué no consta en el margen de la partida de bautismo de Juan Elías su fallecimiento, como es preceptivo?

Demasiadas preguntas, que quizá tengan una respuesta lógica; pero hasta que no sean contestadas,  seguirán siendo la prueba de cargo de la familia del pequeño Juan Elías.

NOTICIAS

Más cerca de un Pacto de Estado

El año comienza para las víctimas del robo de bebés y de las adopciones ilegales en España con una ventana abierta a la esperanza. Una excelente noticia me llega desde la Plataforma Foro Internacional por Desapariciones Forzadas Infantiles `Te estamos buscando´:  la Comisión de Peticiones del Congreso de los Diputados ha admitido a trámite la petición de la plataforma para que pueda llegarse a un Pacto de Estado que ampare a los damnificados por estos crímenes.

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El Presidente de la Comisión de Peticiones, Jorge Fernández Díaz, ha comunicado esta mañana a María Bueno, portavoz de la Plataforma `Te estamos buscando´ , que ha procedido al  traslado de la petición de un Pacto de Estado a los portavoces parlamentarios; iniciándose de esta manera el procedimiento para en este año que comienza se debata en el Congreso el asunto de los niños robados, incluidas las medidas de amparo que solicita la plataforma.

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Entrega de los Premios Solidarios de la Coordinadora x 24 en septiembre pasado. Entre sus integrantes, figuran varias de las fundadoras de la Plataforma `Te estamos buscando´. 

Para María Bueno, la noticia es esperanzadora: “El hecho de que nuestra petición haya sido admitida a trámite y que desde ahora los Grupos Parlamentarios tengan conocimiento de ella nos abre una puerta inmensa a la esperanza”, dice María, que añade: “Nuestro objetivo es que se alcance un Pacto de Estado para acabar con la impunidad de los casos de niños robados y adopciones ilegales ocurridos en España. Ahora, nuestros representantes políticos tienen a su alcance todos los informes y recomendaciones internacionales en esta materia, como los de Naciones Unidas y el Parlamento Europeo, que instan a que el gobierno español investigue nuestros casos de una manera inminente y seria”.  María Bueno es presidenta de la Asociación Alumbra (Lucha de Madres de Bebés Robados de Andalucía) y portavoz y fundadora de la plataforma `Te estamos buscando´.

La Plataforma Foro Internacional de Víctimas por Desapariciones Forzadas Infantiles `Te estamos buscando´ se constituyó en julio de 2017 y está operativa tanto en España como en Reino Unido, con delegaciones en Cataluña, País Vasco, Navarra, Valencia y Andalucía. Para más información podéis escribir a

plataforma.teestamosbuscando@gmail.com

Personajes·Vidas robadas

El drama de los falsos hijos. El caso de Vicente Martínez, marzo de 1972

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Partida de nacimiento de Vicente Martínez, inscrito falsamente como hijo biológico de un matrimonio de Valencia. Si esto no es un delito…
De entre las historias más espeluznantes que me habéis contado destaco las de los falsos hijos biológicos. Cuando descubrís que no habéis salido de las entrañas de la que creíais  vuestra madre, el mundo se rompe, las preguntas os acosan detrás del álbum familiar y de cada recuerdo de vuestro hogar. No me refiero a las personas adoptadas que buscan sus orígenes, sino a las personas que durante buena parte de su vida creyeron que sus padres lo eran en el sentido biológico de la palabra. Uno de los delitos más deleznables que sigue sin tener castigo en este país. 
Quiero recordar en este blog sobre Niños Robados el caso de Vicente Martínez, el primer valenciano que denunció la falsedad documental en su partida de nacimiento con el objetivo de que la Justicia encontrara a sus padres verdaderos. Repasemos el camino que ha recorrido Vicente.
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Vicente Martínez en un retrato proporcionado por él mismo.

Se presenta de esta manera: “Soy hijo falso, inscrito como hijo biológico, no figuro como adoptado. La fecha que consta en mi partida de nacimiento falsificada es el 14 de marzo de 1972; y el lugar, la Clínica La Salud de Valencia”.

Arranca Vicente su historia en el punto en el que la relación con sus progenitores se torció. “Mi relación con mis padres siempre fue buena, hasta que cumplí los 28 años y conocí a mi novia, que hoy es mi esposa. A partir de ahí, surgieron los celos y las malas caras por parte de mis padresPoco a poco el distanciamiento fue a más. “Cuando nació mi primer hijo, en el 2008, mis padres estaban ya insoportables. De hecho, poco después mi mujer ya apenas tenía relación con mis padres. Yo no aguantaba más esa falta de respeto y esos comentarios fuera de tono”.
A principios de 2010, Vicente Martínez comenzó a sospechar que podía ser un hijo adoptado. 
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Vicente Martínez, de niño; de su álbum familiar
Recuerdo que mi mujer me decía que no era normal aquel distanciamiento, el poco diálogo, la frialdad;  no cuadraba nada, siendo además yo hijo  único. Mis padres no me llamaban, no prestaban atención a mi vida ni a su nieto”, continúa Vicente exponiendo los antecedentes de su caso. “Hacíamos comentarios sobre que podía ser adoptado, pero yo me reía. Aunque a punto estuve de coger unas muestras de pelo de mis padres y llevarlos a analizar para salir de dudas. Pero económicamente no me lo podía permitir, así que el tema se quedó ahí”.
Fue a raíz de un programa de TV cuando a Vicente Martínez la posibilidad de ser un niño robado le fue cuadrando. Finalizaba 2010.
“Empecé a investigar, pedí documentación sobre mi nacimiento a ayuntamientos, cementerios, iglesia, hospitales… Todo lo que iba consiguiendo eran documentos legales, en los que constaba que yo era hijo biológico de mis padres”.
Vicente reunía todos los indicios para ser en realidad un falso hijo biológico:
“Hijo único, no me parezco fisicamente a mis padres, nos llevamos más de 40 años de diferencia, no había fotos de mi madre embarazada…”. 
No aguantaba más esa duda y se lo pregunté directamente a mis padres. Al principio me dijeron que no, me lo negaron, pero a los pocos días me llamaron, querían hablar conmigo. Acabaron confesándomelo todo”.
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Vicente Martínez, de niño, de su álbum familiar

“Fui comprado, no sé si robado, pero había un cura amigo de la familia y una monja de por medio. También un médico”, cuenta este valenciano.

Para él, podéis imaginároslo, fue un mazazo, y las preguntas que muchos conocéis de sobra –¿de dónde vengo, tendré hermanos, dónde y cuándo nací realmente?– se agolparon en su mente. Pero no lograron bloquearle. Vicente contacto con Antonio Barroso, de la asociación Anadir.  “Días después 10 días ya estaba saliendo en los medios de comunicación. La noticia corrió como la pólvora. Mis padres se enfadaron mucho porque yo buscaba mis raíces. La relación con ellos se rompió”. 
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Vicente Martínez, en un retrato proporcionado por él mismo
Antes de romper definitivamente con sus padres, estos le contaron que pagaron por él entre 100.000 y 150.000 pesetas, en el año 1972; también que acudieron de noche, “llamados por el médico, y me recogieron desnudo, envuelto en sábanas. Pero no me quisieron desvelar si fue en el hospital o en una casa“.
Un año después, la madre falsa de Vicente falleció. Una oportunidad para conocer su origen se cerraba para siempre. “Me enteré tres días después de su muerte, y al ir a mi casa, descubrí que habían cambiado la cerradura. Días después, comprobé que me anularon de las cuentas del banco y me desheredaron”, clama este hombre.
Vicente Martínez denunció su caso. “Por orden de un juez, mi abogado solicitó  el libro de registros de las madres que dieron a luz en mi fecha y el hospital, Casa Cuna de la Salud, contestó que no guardan documentación de antes del año 1978″.
Afortunadamente Vicente pudo reconciliarse con su falso padre, que falleció hace dos años y quien no pudo –o no quiso- aportar más información sobre el origen del niño que crió junto a su esposa. “La denuncia se archivó –concluye Vicente–, ya que los presuntos implicados han fallecido y el hospital no tiene documentación“.
Punto y final. Delito impune. ¿A esto llama nuestro sistema judicial una investigación?
Ana María Pascual
Noviembre 1017
Tribuna abierta

Chary, Inés y, sobre todo, Ascen

En este artículo, Luis Vega homenajea a tres importantes mujeres del colectivo de víctimas de niños robados: Chary Herrera, presidenta de la Asociación S.O.S. Bebés Robados de Cádiz; Inés Madrigal, presidenta de S.O.S. Bebés Robados de Murcia; y a nuestra Ascensión López, presidenta de S.O.S. Bebés Robados de Almería, la primera persona condenada por el asunto de los bebés robados que desgraciadamente entrará en prisión si nada lo impide.

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Luis Vega

Este año 2017 ya está cuajado de canas y va camino de pasar a la historia.
En algo más de un mes, estaremos con los propósitos para el nuevo año y
pensando en poner remedio al sobrepeso. Propósitos que, seguramente,
no serán muy distintos de los que nos hemos impuesto en otras ocasiones.
Pero, que Dios nos dé esta oportunidad durante muchos, muchos años.
Por mi parte, adelanto estas líneas, porque dentro de pocos días estaré
volando a Estados Unidos, junto con mi mujer, para acompañar a nuestra
hija en el parto y nacimiento de su hija. Nuestra primera nieta.
Nunca me llamó la atención Estados Unidos. No sé por qué. He tenido, por
razones profesionales, la posibilidad de ir en innumerables ocasiones y
unas veces decliné hacerlo y otras, proponía que fuera otra persona.
Ni es esta la primera vez que voy, desde que mi hija se casó con un
neoyorkino. Sin embargo, jamás pensé que acabaría pasando allí unas
Navidades. En fin, qué no hará uno por los hijos.
Hoy me gustaría referirme a tres asuntos de nuestro pequeño gran
mundo, que están de rabiosa actualidad.

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Chary Herrera, presidenta de la Asociación S.O.S. Bebés Robados de Cádiz. Foto: Chary Herrera

Empezaré con esa actividad de exhumaciones, que se está llevando a cabo
en el Cementerio de San José en Cádiz. Lo primero es reconocer con
absoluta admiración la labor de Chary Herrera. Qué perseverancia, tesón y
convicción los de esta mujer. Si alguien imagina que es fácil conseguir que
en un cementerio que ha sido cerrado, se proceda a abrir sepulturas, para
localizar vestigios de cuarenta y seis cadáveres, está completamente
equivocado. Y en el caso concreto del cementerio San José de Cádiz aún
mucho más complicado.
El cementerio lleva sin actividad más de veinticinco años, pero sometido a
un vaivén de discusiones entre el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía,
que ha alargado en el tiempo su clausura. Y ahora, además, no se cerrará
definitivamente hasta que no concluyan los trabajos de exhumaciones de
la Asociación SOS Bebés Robados.
Hay un proyecto extraordinariamente ambicioso, que cambiará la imagen
urbanística del terreno que hoy ocupa el cementerio. La zona extramuros
de Cádiz, si se mantiene el proyecto, pasará a contar con un complejo deportivo importante, enmarcado en una zona verde, en el que la
hostelería tendrá una presencia significativa. Por ello, cualquiera puede
entender que ralentizar los trabajos para que eso sea una realidad, es toda
una proeza. Y Chary Herrera ha conseguido que, antes que ese proyecto
tome cuerpo, se realicen un número importante de exhumaciones, que
luego habrían sido imposibles.
Sin duda que el interés particular en estos casos es el motor principal,
pero que ello te lleve a abanderar la esperanza de más de cuarenta
familias, imprime un carácter y liderazgo fuera de lo común.
Los trabajos, que son árduos y meticulosos, se están llevando a cabo con
la participación de arqueólogos, en equipos estructurados y ordenados, lo
cual dará, presumiblemente, garantías de fidelidad en los resultados.
Por lo demás, no seamos ni agoreros ni echemos las campanas al vuelo. Lo
más conveniente es, en mi opinión, confiar y esperar que los trabajos
concluyan, aunque desde una perspectiva razonablemente optimista, los
resultados serán positivos. De momento, el salto adelante es gigantesco.
Y concluiré este apartado indicando que resulta llamativo que, hasta
donde yo sé, no se está procediendo por diligencia judicial.

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Inés Madrigal, hace unas semanas en el Congreso de los Diputados. Foto: A. M. Pascual

Pasemos al segundo asunto, también importantísimo.
Mi admirada Inés Madrigal ha intervenido en el Congreso de los
Diputados, en la Comisión de la Infancia, siendo el altavoz fidedigno de
nuestros verdaderos problemas. Inés, mujer muy inteligente y que
aprendió de quien actuó como su madre valores tales como la
abnegación, tesón y entrega, ha cantado ante Sus Señorías las verdades
del barquero. La Justicia está quieta, impasible, sin reacción. Hay que
llevar al Juzgado las investigaciones hechas, sin que las víctimas dispongan
de medios propios del Estado para las actividades indagatorias. Si las
víctimas no actúan por su cuenta, nadie las provee de herramientas ni
ayudas para investigar.
Esto es de aplicación a todos los casos y es un reflejo del sacrificio y
esfuerzo al que se ven sometidas las víctimas, si es que quieren que sus
casos prosperen.

Lo realmente importante en esta ocasión, es que Inés, con la claridad que
la caracteriza, ha transmitido a los diputados, entre otras, la necesidad de
que exista un fiscal especializado, que el Supremo unifique el proceso de
investigación y se realicen de forma gratuita las pruebas de ADN.
El caso de Inés, ha superado la fase de instrucción, en la que no tuvo más
remedio que pasar por el `mal trago´de denunciar a su madre para
desenmascarar a Vela, y el tiempo pasa sin que se determine fecha para el
juicio oral.
¿A que espera esta Justicia? ¿Qué se pretende? Esto tiene visos de que
ocurra como con María Valbuena, que murió sin que pudiera proseguir
actividad judicial que aportara luz. ¿Esperan que Vela fallezca?
¿A quién reclamar ante semejante situación? ¿Hay alguien del entorno
Judicial por ahí? Pues de seguir así…. otro crimen sin resolver.
La Eurocámara está solicitando al Gobierno que tome medidas efectivas
en los casos de Bebés Robados. También lo solicita a la Iglesia y al
Consejo General del Poder Judicial. Me disculpo por mi escepticismo, pero
no espero nada significativo de esta solicitud.

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Ascensión López, en 2013. Facebook

Y el tercer asunto importante en el que, en mi opinión, la Justicia tampoco
sale muy bien parada es el de Ascensión López, a quien, vaya por delante,
no conozco personalmente.
Esta víctima de Almería, Presidenta de SOS Bebés Robados de esa
provincia, tendrá que ir a prisión seis meses por no tener medios para
pagar los 55.000 € a que ha sido condenada.
Me llama poderosamente la atención que a una persona como Ascensión,
que se ha visto sometida a la enorme tensión que supone el acopio de pruebas,
que para ella parecían indiciarias, no se le haya aplicado este concepto
como eximente.

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Ascensión López, de niña. Foto: Ascensión López

Todos, en algún momento, exponiendo nuestra historia, hemos soltado
sapos y culebras por nuestra boca al referirnos a los que nos dispensaron
tal sufrimiento. Ascensión no ha sido diferente, solo que no ha sabido distinguir que dependiendo de donde se diga, puede tener consecuencias.
Y ese error suyo, fruto del desconocimiento, es por el que quieren que
pague.
La Ley, se espera que sea aplicada con proporcionalidad. Sin embargo,
más bien parecería que se ha pretendido una medida ejemplarizante.
Algún periódico británico se ha hecho eco de esta noticia, como algo nada
positivo. Y en general, los medios, lo recogen con el titular de que la
primera persona que va a prisión, en el asunto de los Bebés Robados es una
víctima. Es decir, el mundo al revés.
Por otra parte, he podido conocer que Ascensión ha expresado
públicamente en numerosas ocasiones, que no tuvo intención de ofender
a su prima la monja y que lamentaba las formas empleadas.
Es sabido que en este tipo de causas, si el ofendido acepta las disculpas
presentadas, la sentencia queda en suspenso. Por ello, no parece que la
urgencia solicitada por la monja para que se ejecute la sentencia, sea una
muestra de actitud caritativa, piadosa, benevolente y de amor al prójimo.
Espero, que los abogados que se han hecho cargo de la situación de
Ascensión tengan éxito en despejar su futuro penal y también, si es
posible, puedan conseguir pruebas sólidas que ayuden a demostrar las
irregularidades de su adopción. Me consta, también, que se han iniciado
pasos para que personas relevantes del entorno eclesiástico intercedan a
favor de ella.
Deseo fervientemente, que por cualquiera de estos medios, se arregle la
situación de Ascensión. Lo deseo, creedme, por ella, por la causa de los
Bebés Robados y por la verdad. ¡Ah! Y también por la prima.
Os deseo una Navidad llena de Paz y Amor y que el 2018 veáis cumplidos
vuestros deseos.

 

Luis Vega

Noviembre 2017

NOTICIAS

Exhumaciones en Cádiz. Se busca niña de agosto de 1956

Francisco Álvarez Nicolás, gaditano de 64 años, busca a su hermana nacida en la Residencia Sanitaria Fernando Zamacola (actual Hospital Puerta del Mar), en Cádiz, el 13 de agosto de 1956. A lo largo del año que viene la sepultura de la criatura será abierta y serán exhumados los restos, si es que los hay. Francisco –Paco, como prefiere que se le llame–, se debate entre la esperanza de que su hermana no muriera al nacer y por tanto no se hallen sus restos en la sepultura y la posibilidad de que en efecto los restos estén donde deberían. “No sé qué es mejor. Quiero llegar a la verdad y si están los huesos creo que descansaré”, dice Paco.

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Francisco Álvarez fotografiado por Román Ríos para Interviú
Como en la mayoría de los casos de niños robados, Paco tiene sospechas fundadas de que su hermana pequeña no murió en realidad. Su madre, Carmen Nicolás, ya había dado a luz a siete hijos antes; era una madre experimentada. La mujer murió en 1971 con la angustia intacta por la desaparición de su hija en agosto de 1956. Nunca se creyó que hubiera fallecido en realidad. “Mi hermana Anita, que tenía 10 años cuando murió nuestra hermana, siempre nos ha contado que mi madre llegó a casa, cuando le dieron el alta en la Residencia, totalmente desesperada, gritando que no podía ser posible que la niña hubiera muerto porque ella la había tenido en sus brazos y estaba bien…”, explica Paco.

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Paco enseña la hoja del libro del Cementerio de San José de Cádiz donde aparece como enterrada su hermana, pero donde no consta la causa de la muerte de la criatura.
Nada más nacer, llevaron a la niña con su madre. Tras un breve rato, una enfermera se llevó al bebé y Carmen jamás volvió a ver a su hija. La familia desconoce la causa de la muerte. No aparece el legajo de aborto. “Me dicen en el Registro Civil que se han perdido los libros de los años 1956, 1957 y 1958. Tampoco hay historial clínico”, dice Paco. En el libro del Cementerio de San José (Cádiz), donde supuestamente está inhumada su hermana, tampoco aparece la causa de la muerte. “No sabemos ni siquiera el médico que atendió el parto. Es como si nunca se hubiera producido”, dice este gaditano.

Una anécdota infantil recobra en la actualidad un significado especial para Paco y su familia. “Cuando tenía unos 14 años, mi madre me contó que siendo yo bebé llegó a casa un matrimonio de Madrid que quería adoptarme. Mi madre les dijo que nadie, ningún hijo suyo, se iba a ir de su casa”.  No tiene más datos Francisco de aquella misteriosa visita. La vida de Carmen Nicolás no fue fácil. Se quedó viuda cuando Paco era un niño de cuatro años.

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Francisco Álvarez, de niño. Reproducción de la fotografía familiar: Román Ríos para Interviú
Paco cuenta con la ayuda de su esposa, Manoli. Es fundamental para los afectados recibir el apoyo de los suyos en su búsqueda vital. La pareja forma parte de la asociación  S.O.S. Bebés Robados Cádiz, que ha conseguido un acuerdo con el Ayuntamiento de Cádiz para poder exhumar a 46 bebés presuntamente fallecidos en diversas maternidades gaditanas entre 1956 y 1987 y que están enterrados en el Cementerio de San José. Los restos de otros bebés que podrían haber sido robados en su día fueron trasladados hace años a osarios comunes dentro del mismo camposanto, por lo que su exhumación es prácticamente imposible. Podéis leer el reportaje que publiqué en Interviú sobre las exhumaciones de Cádiz:

http://www.interviu.es/reportajes/articulos/se-buscan-46-ataudes-vacios

La hermana de Paco es uno de los 46 bebés que se exhumarán porque su sepultura está identificada y los restos no han sido movidos desde el día de la inhumación.  “Estamos muy contentos con la oportunidad que supone la exhumación. Y muy felices con el grupo de S.O.S Bebés Robados Cádiz. Chari (Chari Herrera es la presidenta de la entidad) lo lleva muy bien”, afirma Paco Álvarez, que pide ayuda: “Necesitamos ayuda. Por favor, quienes sean hijos únicos y tengan sospechas de que no son hijos biológicos, que se pongan en contacto con las asociaciones”, pide este afectado. Paco razona algo importante: “Si las cosas se hubieran hecho correctamente, si se hubieran enseñado los cadáveres, hubieran explicado los motivos de las muertes… Quizá no tendríamos dudas”.

En 2013, Paco Álvarez se hizo las pruebas de ADN en uno de los laboratorios que colaboran con las asociaciones de niños robados. Al poco, recibió una llamada del laboratorio. “Me decían que había una mujer que había coincidido con mi ADN; vamos, que podía ser mi hermana. Pero a los días me volvieron a llamar para comunicarme que había sido un error. Me quedé estupefacto”.

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Tribuna abierta

Baile de cifras

Repite mi querido Luis Vega en esta tribuna, que os recuerdo que está abierta para todos aquellos que tengáis algo que decir en relación al robo de bebés. Vuestras opiniones y demandas tendrán la visibilidad que merecen en este espacio. En esta ocasión, Luis plantea dos debates interesantes: sobre las cifras de afectados y de bebés sustraídos, y respecto a si la memoria histórica es el marco idóneo para esta lucha.

 

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Manifestación de S.O.S. Bebés Robados-Madrid

Luis Vega

Ya de lleno en este otoño veraniego, retomo mis pesquisas en este asunto que nos une a todos nosotros. No creáis que durante el tiempo estival y de ocio he estado quieto, respecto al asunto que tanto nos preocupa y ocupa. En absoluto. He realizado algunas gestiones y he recibido información, que me hacen más firme el convencimiento de que entre jueces y fiscales (o fiscales y jueces), no hay la menor voluntad de dar solución a este asunto, que ya empieza a oler, de los Bebés Robados.

Pero hoy no contaré en qué ha consistido todo eso. A pesar de mi escepticismo, sigo pensando que la solución pasa exclusivamente por el camino judicial. Y es por eso que, antes de hacer estallar ninguna caja de truenos, volveré a dar algunos pasos que permitan a los jueces y fiscales, recomponer la situación. Espero poder contarlo aquí en un futuro.

Hoy, sin embargo, me referiré al asunto, haciendo un análisis desde otra perspectiva. Y lo hago sin restarle la más mínima legitimidad a otros planteamientos y por supuesto, desde el más absoluto respeto.

En distintos entornos se utiliza la cifra de 300.000 bebés robados, asociados al concepto de la Memoria Histórica. En primer término, la cifra me parece muy abultada y además, nadie ha explicado bajo qué criterios de rigor se ha calculado. Si echamos un vistazo a los datos estadísticos del INE, la tasa neta de reproducción en el periodo 1938-1942 es de 0,94, que se valora como muy baja. Pero yendo más allá, esta misma tasa neta de reproducción de 1943 a 1952 es de 1,09, y de 1953 a 1960 de 1,28, siendo este último año cuando repunta de manera más significativa. Pero viéndolo con otros valores, se aprecia que la población de España pasó de 26 millones a 30,5 millones, entre 1940 y 1960. Estos son los elementos que me llevan a contemplar como exagerada la cifra de 300.000.

Por otra parte, muy recientemente he leído que mi muy querido amigo Baltasar Garzón, a través de su Fundación FIBGAR, cuantifica los casos en 30.600. Tampoco he visto como se llega a esa cifra.

Creo, modestamente, que sería mucho más riguroso y serio utilizar la cifra de 2095 casos, que son los que están judicializados. ¿Qué mayor rigor que tener nombre y apellidos de las víctimas? ¿Qué mayor seriedad que tener la historia detallada de cada una de ellas y sus indicios? ¿Acaso no es suficientemente abultada la cifra de 2095 casos? Si con que fueran 20, ya era suficiente para montar un absoluto escándalo.

“¿Ha pensado alguien que el uso de cifras exageradas o poco rigurosas puede poner en riesgo la credibilidad de nuestras exigencias?”

Por otra parte, está el tratamiento del asunto bajo el paraguas de la Memoria Histórica. Sin duda, la intencionalidad es magnífica. Pero, ¿pretendiendo qué? Los objetivos han de ser muy claros y concretos y quiero creer que, el primero y fundamental de ellos, será la localización de los hijos que se buscan. ¿O no?

Me temo, sin embargo, que haya quien aprecie intencionalidad con acento político y ello vaya en perjuicio de la credibilidad del colectivo.

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También hay quien pretende una indemnización. Sencillamente, no lo comparto.

Todo este ‘totum revolutum’, en mi opinión, no ha favorecido nuestra causa y prueba de ello es el enfriamiento que existe en la sociedad respecto del asunto Bebés Robados. Y ya no digamos entre las autoridades.

Que nadie me malinterprete y crea que no estoy de acuerdo con la vía política. Nada más lejos.

“Pero una cosa es la política como recurso para conseguir soluciones y otra, como un medio en el que navegar”.

Que a mí me conste, no sé de nadie que haya enarbolado la Memoria Histórica, de una manera seria, para echar atrás la decisión del Parlamento Vasco de que no hubo robo de bebés. Todo, porque el ínclito Francisco Etxeberría, después de decir en infinidad de foros y reuniones, que los cadáveres de los bebés dejan rastro tras el paso del tiempo, declaró en el Parlamento Vasco lo contrario. Y por ende, que no hubo robo de bebés. Y a ese individuo le creen. Y las más de 350 causas conocidas….al garete.

Tampoco me consta que la Memoria Histórica se haya empleado para obligar a los fiscales a investigar, promoviendo diligencias y asegurando la aplicación de la instrucción dada por la FGE en 2012 de que estos delitos no prescriben.

En fin. Ha llegado a mis oídos que en el Congreso de los Diputados se va a promover una Comisión sobre Bebés Robados. Mi ilimitada capacidad de esperar, me sugiere que veamos qué pasa…..

Hasta otro día.

Luis Vega

Octubre 2017

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………..Podéis enviar vuestros artículos a la dirección de correo electrónico: apascualc1@gmail.com

NOTICIAS

Un premio para todas las víctimas

Entrega de premios solidarios

Fue una mañana inolvidable. Hacía calor en Madrid; uno de esos días en los que la luz mágica de la ciudad se impone y envuelve las calles en un tono áureo inconfundible.  La entrega de los Premios Solidaridad 2017, otorgados por la Federación Nacional de Víctimas por Desapariciones Forzadas Infantiles y Adopciones Ilegales Coordinadora x 24 comenzó con retraso. No había prisa. Los asistentes hablaban entre sí, se saludaban afectuosamente; muchos eran amigos que se reencontraban, otros se conocían en ese momento. En el ambiente comenzaba a respirarse algo parecido a la cálida armonía del hogar. El lugar, el moderno MediaLab Prado, un centro cultural del Ayuntamiento de Madrid, muy cerca de la estación de Atocha, resultó ser el sitio ideal, sobrio, sin apenas ornamentación y acogedor.  María Bueno, presidenta de X 24 y de la Asociación Alumbra, arrancó un fuerte aplauso, cuando emocionada dio paso a la proyección de un estupendo documental montado por su compañero. Los ánimos se caldeaban, la indignación podía palparse. Los execrables crímenes narrados en el documental siguen impunes y no son reconocidos por las altas instituciones del Estado.

Entrega de premios solidarios
María Bueno, presidenta de la Coordinadora x 24. Foto: Eva Peñuela
Entrega de premios solidarios
Sentada entre el jurista Baltasar Garzón y Carla Antonelli, diputada socialista en la Asamblea de Madrid. A su lado, Carolina Escudero, doctora en Psicología Social, y la periodista de La Opinión de Málaga Marina Fernández. Foto: Eva Peñuela

El pasado 23 de septiembre fue un día grande para Adelina Ruiz, presidenta de SOS Bebés Robados Cataluña; Soledad Luque, presidenta de la Asociación Todos los niños robados son también mis niños; Flor Díaz, presidenta de SOS Bebés Robados Euskadi; Javier Munioitz, presidente de SOS Bebés Robados Gipuzkoa, y la gran María Bueno, y para el resto de representantes y miembros de las entidades que conforman la coordinadora. Personas que están entregando sus vidas a una búsqueda tan loable como desesperada, y lo hacen con una dignidad y un compromiso que emocionan. Por fin llegaba el día que con tanto esfuerzo habían preparado. Compartieron con todos los asistentes sus sentimientos y su agradecimiento hacia los premiados por la empatía demostrada para con la causa de las sustracciones de bebés en España. Fue un momento especial: afloraron las lágrimas, los reconocimientos. El premio, sin duda, se lo llevaron ellas: estas personas que con tanto tesón y tanta sabiduría buscan y piden solidaridad, humanidad, a los jerarcas de la Iglesia, a los gobernantes, a los jueces. “Dennos la información, ¿dónde están nuestros niños robados?”

Los premiados en la primera edición de los Premios Solidaridad fueron: El memorable abogado Carlos Slepoy y el recordado periodista José Luis Gordillo, ambos a título póstumo; la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CeAqua) y su abogada Ana Messuti, el exjuez Baltasar Garzón, la diputada socialista en la Asamblea de Madrid Carla Antonelli, la periodista de la Opinión de Málaga Marina Fernández; la europarlamentaria de IU Marina Albiol; Carolina Escudero, doctora en Psicología Social y artífice de la campaña Te busco. Te estamos buscando; Joseba Eceolaza, responsable de Comunicación de CC.OO. de Navarra; uno de los impulsores de la recién aprobada ley sobre el robo de niños en Navarra. Y yo. No os podéis figurar la alegría que me ha supuesto este reconocimiento, porque, como dije en la entrega del premio,  viene de vosotras, las víctimas de un crimen de Estado, que es lo que fue la sustracción sistemática de bebés y el perverso cambio de identidades. Un crimen de Estado, que como otros recientes, acabará destapado  y alguien pagará por él. Estoy segura.

Entrega de premios solidarios
Javier Munioitz, presidente de la Asociación SOS Bebés Robados Gipuzkoa, y su compañera Izaskun Poza.  Foto: Eva Peñuela
Entrega de premios solidarios
Izaskun Poza me entrega el premio. Foto: Eva Peñuela
Entrega de premios solidarios
Momento de mi intervención. Foto: Eva Peñuela

Creo que la mañana del 23 de septiembre todos nos sentimos como en casa, rodeados del cariño y de la entrega de las víctimas que organizaron estos premios. Yo os devuelvo las gracias multiplicadas. Es un honor. No hay premio más grande para una periodista que contribuir al esclarecimiento de la verdad. Desde que comencé a investigar las denuncias de los afectados del robo de bebés y de las adopciones ilegales, he conocido a cientos de víctimas –algunas forman parte ya de mi vida–. Sus reivindicaciones son las mías. Carla Antonelli, luchadora y solidaria donde las haya, dice que soy ya una activista de la causa. Pues sí, lo soy. Mi lema en este asunto es: “Le había podido pasar a cualquiera”. Conozco personas afectadas de todo tipo de condición. Aunque, desde luego, si hay un colectivo especialmente machacado por el drama de la búsqueda es el de las mujeres: madres, hermanas, hijas. Ellas conforman la inmensa mayoría del sostén de la causa de los niños robados con encomiables entereza, empeño y fraternidad.

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Flor Díaz, presidenta de SOS Bebés Robados Euskadi, entregó el premio a la política y activista Carla Antonelli. Foto: Eva Peñuela
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El abogado Jacinto Lara recogió el premio concedido a la CeAqua por su impulso en la querella argentina contra los crímenes del franquismo a los casos de bebés robados. Foto: Eva Peñuela
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María Bueno argumentó las razones para el premio concedido al ex juez Baltasar Garzón. Foto: Eva Peñuela

He firmado numerosos reportajes en la revista Interviú sobre el drama de los niños robados gracias al apoyo de mi director Alberto Pozas, que creyó en la causa nada más estallar el escándalo, en 2011. Desde entonces, las investigaciones en torno a las denuncias y a los posibles responsables del crimen han ocupado un lugar destacado de la revista. Los periodistas debemos estar al lado de las víctimas e intentar alcanzar la verdad, siempre. Interviú es un referente en este drama y el único medio de comunicación que ha mantenido en el tiempo, como una constante, el seguimiento informativo de los casos de niños robados. La revista ha continuado la excelente labor de María Antonia Iglesias y Germán Gallego en los años 80. Hemos descubierto muchas cosas en estos últimos años y seguro que seguiremos haciéndolo, colaborando con quien nos necesite, denunciando la absoluta falta de cooperación de los poderes judicial  y ejecutivo, y la pasividad del legislativo. Las cosas deben cambiar y parece que hay iniciativas muy interesantes en el Parlamento.

Los niños robados no son solo cosa de la Memoria Histórica. Los niños robados existen hoy. Son miles –sin determinar aún la cuantía real de los afectados–, los ciudadanos españoles y extranjeros que reclaman, con todo el derecho del mundo, al gobierno y a los jueces españoles la atención y la justicia que merecen. La sociedad debe ponerse en la piel de estas personas a las que les arrebataron los hijos y las vidas. Solidaridad, piden, y hay que dársela. No tendría que hacer falta que el tema apareciera en un programa de TV para concienciarse, ¿verdad? Aunque cuanto más aparezca en los medios esta causa, mejor.

La investigación que las víctimas están emprendiendo por su cuenta es admirable. Por ejemplo, por citar a alguno de ellos, mi querida Juani Martínez, una heroína; Javi Muniotz, Flor Díaz y sus compañeros de SOS Bebés Robados Gupizkoa –Mertxe, Izaskun,  Andone, Eva, Lourdes, Juana Mari, Aitor y todos los demás–, que no paran de examinar la documentación con la que cuentan y tiran de los hilos, y lo van a conseguir. Son auténticos detectives y una familia maravillosa. Mi Cecilia, admirable, incansable, usa una lupa para poder ver bien los nombre y los datos que aparecen en los documentos antiguos. Luis, vas a encontrar a tu hijo.

Recuerdo con cariño a Rocío y a su madre, que se pudieron encontrar tras una investigación de Interviú; y a los niños robados de Barcelona –Montse y Gonzalo y tantos otros–, y a las madres, como Gloria, a las que arrebataron a sus hijos en la ciudad Condal; a los que salieron del Santo Celo de Valencia –mis queridas ElisaMaría y Lucía– y del Sanatorio San Ramón de Madrid – nuestra Inés, Luis y Alberto–; a las madres solteras que estuvieron internadas en las residencias de Peña Grande y en Los Molinos, en Madrid y que perdieron a sus hijos –AdelaAna, Mari Ángeles y Loli, valientes–.  Recuerdo a Eduardo, de Granada, al que le cambiaron a su hija sana por una niña enferma, que murió; a Paloma, que tiene dos identidades y la Justicia no la resarce, igual que a Fernando, chileno nacido en Madrid, sacado de la Inclusa; a Mabel y a mi amiga Irene, que no saben dónde nacieron; a Mari Carmen , Begoña y a los Luque, que buscan incansablemente a sus hermanos. A Adelina, que está a punto de encontrar a su hijo, Bruno.  A Margarita y Cristina, maltratadas por la Administración. A Clara, que halló a su hija pero a la que los tribunales le niegan la justicia.  A María, que llora por su hija robada y que se ha convertido en una especie de ángel sabio para el resto de víctimas. Me acuerdo ahora de Luisa, madre coraje donde las haya, maltratada –por no decir, torturada– por unas monjas; a Isabel le pasó algo parecido. También recuerdo a Mercedes, que siempre supo donde había ido a parar su hija robada, pero que no ha podido aún recuperarla; a Milagros, que en su demencia, recuerda que una monja le arrebató a su Juan Elías al nacer.  A Luz, a la que su familia no apoya y que sufre mucho.  A Nieves, a la que una jueza de Galicia le dio el nombre de su madre biológica.  A veces los jueces investigan estos casos y llegan hasta el final.  No me olvido de algunas de las mujeres que parieron en la Casa de La Madre, de Madrid, y cuyos hijos fueron dados por muertos, sin que a día de hoy consten como enterrados –Felisa y Loli, queridas–.  Tantas tumbas vacías, como la del hermano de Belén, en el cementerio de La Línea de la Concepción, y el de los Ocariz, en San Sebastián, y la del hijo de Ruth, en Bilbao. No nos olvidemos tampoco de los casos que han llegado al Tribunal Constitucional, como el de Esperanza y Luis, sin que hayan recibido amparo.

Y tampoco me olvido de nuestra Ascen, la primera víctima de bebés robados que puede ingresar en prisión por denunciar su caso en los medios. ¿Y esas madres que han ido a las iglesias a buscar las aguas de socorro de sus hijos supuestamente fallecidos al nacer? ¿Cuál ha sido la respuesta que han obtenido? Os lo contaré en otra ocasión.

En fin, no sigo porque son tantísimos los dramas que podría seguir escribiendo horas y horas. Cientos de historias se agolpan en mi memoria en estos momentos. Rostros, nombres, fechas, los tachones de los documentos que nos entregan en aras de la Ley de Protección de Datos, partidas de nacimiento, de defunción, legajos de aborto, libros de parto… ¿Cómo es posible que la ingente cantidad de errores garrafales y de irregularidades en todos esos papeles oficiales, incluidos los de los registros civiles, no despierten la curiosidad investigadora de los jueces? La mía fluye como un río desbocado.

El premio a la solidaridad es para todas vosotras, es de

todas las víctimas. Seguimos en la lucha. 

Tribuna abierta

Lo que esconden los libros-registro de las maternidades

La información hay que compartirla. La generosidad de Luis Vega –padre que busca a su hijo, nacido 1977 en la Clínica del Rosario, en Madrid– regresa a esta Tribuna Abierta; esta vez, profundizando en la información que guardan los libros-registro de las maternidades. Quien tenga la suerte de poseer fotocopias del Libro de Partos o del Libro de Ingresos, por ejemplo, sin tachaduras puede hallar en este artículo las claves para iniciar una investigación sobre la posible sustracción de un bebé.

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Luis Vega

Tuve el privilegio de inaugurar este blog y lo hice refiriéndome principalmente a ‘La Justicia’ y, entre otras cosas, mencioné haber enviado una carta a los medios, de la que no esperaba la difusión que el asunto merece. Y así fue. Tuve que llamar a cada uno de los periódicos a los que me había dirigido para saber qué pasaba. Pasar, pasar, no había pasado nada. Solo que no había realmente interés en la susodicha ‘Carta Abierta a La Justicia’. Al final, fue publicada por un par de periódicos bajo el epígrafe ‘Bebés Robados’ en la Sección de Cartas al Director.

Se convendrá conmigo que, en los medios, este es un asunto menor o de tan poco recorrido que no les vale la pena dedicar espacio ni tiempo. ¿Qué es preciso para llamar su atención? En mi opinión, solamente el hecho de una aparición. Eso sería una bomba informativa que ayudaría a llenar espacio informativo. Pero luego, nada más.

Indicaba en mi intervención anterior que dedicaría otro momento para referirme a la sanidad. Paso a dedicar espacio a tan importante asunto.

Desde principios de los setenta se generalizó que las mujeres dieran a luz en clínicas y hospitales, abandonando la costumbre de hacerlo en casa. Tal auge tomó el asunto– recordemos que fue la época del baby-boom–, que junto con un mayor uso de la Seguridad Social, los hospitales y clínicas de entonces, estaban casi tan saturados como hoy día.

Para formalizar la actividad de los establecimientos hospitalarios, en mayo de 1976, se promulgó una ley que les obligaba, tanto a los públicos como los privados, a mantener, sin límite de fecha, libros-registros que recogiesen la entrada, vicisitudes y alta de un paciente que ingresara. Por cierto, me resulta llamativo que en 2015, esta ley haya sido derogada (1).

Estos libros-registro suponen una excelente arma de investigación que, junto con las partidas de nacimiento literales, ofrecen un cúmulo de información valiosísima.

Es sabido que en los años setenta y anteriores, los médicos no aconsejaban a las mujeres ser madres primerizas superados los treinta años, por los riesgos que corrían. Las denominaban ‘primíparas viejas’.

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A continuación. expondré una posible situación: señora que en la década de los setenta ha tenido un único hijo a la edad de treinta y cinco años, y que ingresó en el hospital un determinado día, recibiendo el alta al día siguiente.

Situación muy extraña. Extrañísima, diría yo. Pero esa información nos la facilita, por una parte la partida de nacimiento literal: fecha del nacimiento, establecimiento hospitalario, profesional que atendió el parto, información de los padres; y por otra parte, el Libro de Admisión y Altas nos indicaría que la señora en cuestión, fue dada de alta un día después de haber ingresado.

Pero hay mucha más información que se puede extraer de esos libros. Es lo que yo denomino ‘la trazabilidad’ de un nacimiento. Nos ofrecen la información desde el ingreso de la madre, si pasó a la sala de partos o al quirófano (parto normal o cesárea), si el recién nacido es llevado a la sala de neonatos o a incubadoras y finalmente el momento del alta hospitalaria. Se incluyen aquellas altas por ‘exitus’ (defunción).

No podemos olvidar que esta información, a efectos judiciales, ha de ir orientada a conocer qué aconteció con una señora desde su ingreso hasta su alta. Solo es aplicable al hijo, cuando éste quiere saber de sus orígenes.

Bien, pues ese valioso Libro de Admisión y Altas, junto con otros, son los que, al parecer, se han esfumado o resulta casi imposible conseguir. Si sorprendente es ver cómo un establecimiento hospitalario informa por escrito, que no dispone de los libros-registro durante un periodo de veinte años, resulta chocante ver cómo el director médico o el gerente de ese establecimiento admiten, delante del juez, desconocer donde están esos libros-registro. ¡Y el juez se queda tan impasible!

En este caso concreto, recuerdo que indicamos al juez que teníamos sospechas de dónde podrían encontrarse esos libros, dentro del recinto hospitalario, y que un registro judicial podría resolver el asunto. La respuesta textual fue: “No. Ya han dicho que no saben donde están”.

Hay medidas disuasorias que, en ocasiones, suelen surtir magníficos efectos. Creo que si el juez hubiese dado un plazo, por ejemplo, un mes, para que aparecieran los libros- registros, so pena de la aplicación de una multa de, digamos, quinientos mil euros, se habría obrado el milagro de la aparición. La leyes hemos de cumplirlas todos. No olvidemos que conducir sin llevar el carnet de conducir puede suponer, si te pillan, quinientos euros de multa.

En mi opinión, es evidente que la ocultación de esos libros-registro cuenta con la permisividad de los jueces. Por otra parte, no debemos olvidar que de aparecer tales libros, la información que podría consultarse sería exclusivamente la del interesado. Es decir, yo podría pedir información relativa al paso de mi esposa por el hospital, pero no de cualquier otra persona. Llegar a determinar qué otra persona puede ser sujeto de esa consulta, requiere de una investigación previa, lo suficientemente ardua, que en mi opinión y por mí experiencia, ni los juzgados ni la policía están por la labor de remangarse y llevar a cabo. Consultar esos libros, para ver qué situaciones extrañas pudieran existir no estaría permitido y solo estarían accesibles por mandato judicial.

De ahí mi escepticismo ante las reclamaciones para que ‘se abran los libros’. No importa qué libros sean, nadie podrá extraer información que no sea propia. Y de hacer consultas de forma libre, no podrá hacer uso de la información que obtenga. Está la Ley de Protección de Datos.

Más práctico sería reclamar la aplicación de multas importantes, cuando el juez, en el curso de una investigación, solicite estos Libros y no se le faciliten.

Pero quizás, yo me pase de pragmático.

Junio, 2017

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………..(1) El Real Decreto 1360/1976 de 23 de junio fue derogado en febrero de 2015. Pese a ello, los hospitales públicos y privados continúan obligados a consignar y a conservar la información relativa a la entrada y salida de los pacientes, tipo de intervención, etc. El Real Decreto 69/2015 de 6 de febrero establece la creación de un registro nacional de atención sanitaria especializada, tanto pública como privada, en formato electrónico, que puede ser consultado por las comunidades autónomas. Es decir, sigue vigente la obligatoriedad de consignar los datos relativos al ingreso, intervención y alta de un paciente en un hospital.